Adicciones

AdiccionesLas adicciones son casi tan antiguas como el ser humano. Las drogas se han utilizado desde la existencia de las más antiguas civilizaciones; unas veces con fines religiosos,  con propósitos  médicos y curativos otras  y,  en muchas ocasiones, como medio de evasión de lo cotidiano.

Las drogas clásicas son el alcohol y el tabaco. Otras muy conocidas son el cannabis, la cocaína, la heroína, las anfetaminas, el LSD, el éxtasis, el crack, etc. Todas ellas producen adicción y sus secuelas pueden resultar desde leves hasta devastadoras. La nicotina, por ejemplo, provoca una adicción rapidísima. Por suerte, los  perjudiciales efectos del tabaco suelen tardar años en observarse y “solo” serán físicos, es decir, no provocan una alteración de la personalidad. Algunas drogas, como el LSD, tienen efectos imprevisibles,   por lo que resultan altamente peligrosas  y sus consecuencias pueden ser irreversibles desde el inicio.

 

Otra adicción conocida desde la antigüedad es la ludopatía (adicción al juego).Es esta una adicción sin consumo de sustancias químicas, al igual que las nuevas adicciones, como la adicción a internet, al teléfono, al sexo, al trabajo, a las compras…

Se puede definir la adicción como un impulso irrefrenable de consumir o realizar la conducta objeto de adicción, sustancia o conducta que conllevan un deterioro o malestar clínicamente significativo, provocando tolerancia (necesidad de consumir más cantidad para obtener el mismo resultado), empleando el adicto mucho tiempo en actividades relacionadas con la adicción, reduciendo o abandonando importantes actividades familiares, sociales o laborales, consumiendo o repitiendo la conducta aun cuando se es consciente de lo perjudicial de la misma . El no consumo o la no realización de la conducta adictiva provocan el síndrome de abstinencia, viéndose el sujeto” obligado” a consumir la misma sustancia u otra parecida para evitar el malestar que le provoca la falta de la misma o de la no ejecución de la conducta.

Pocas personas quisieran ser adictas y, sin embargo, hay un alto índice de adicciones. Este hecho tiene que hacernos reflexionar sobre la poca conciencia  que existe entre la población acerca de cómo alguien puede convertirse en adicto. Dejando claro que se es susceptible a cualquier edad de padecer una adicción y que hay personalidades más propensas a padecerlas, intentaré centrarme en la población más vulnerable, la adolescencia y en la adicción más frecuente en nuestra sociedad, el alcohol.

Muchos padres creen que dar un buen ejemplo es garantía suficiente para que sus hijos no consuman alcohol. Otros consideran normal  que los adolescentes  de 14, 15 ó 16 años consuman habitualmente alcohol, entendiendo por habitual los momentos en  que se reúnen con sus iguales, circunstancia que suele darse los fines de semana en el mejor de los casos.

La evidencia de lo adecuado que resulta predicar con el ejemplo, desafortunadamente  no nos proporciona la  garantía de que nuestros hijos vayan a abstenerse de  consumir alcohol a una edad demasiado temprana. No se debe olvidar que son adolescentes y que eso implica asumir ciertos riesgos, adoptar muchas veces roles de adultos en un cerebro de niños. Que la identificación con el grupo va a pesar muchísimo y que, la propia organización de la sociedad les va a hacer muy difícil escapar al influjo de no consumir alcohol. La “cultura” del botellón ha propiciado la adicción de muchos jóvenes que, de otra manera, quizá buscarían formas alternativas de diversión. Por supuesto que siempre hubo y habrá quien busque consumir alcohol u otras sustancias en los sitios y circunstancias más insospechados pero, pretender ver como normal un fenómeno tan dañino para la salud de nuestros jóvenes, creo que es un error que está costando muchos disgustos. Según el director general de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción, el número de borracheras entre la población de 14 y 18 años es alarmante.

Asturias es la única Comunidad Autónoma de España donde  se permite expender bebidas alcohólicas a los mayores de 16, hecho misteriosamente desconocido por la mayoría de los padres  y que, por fortuna, parece va a cambiar con una nueva ley que nos equiparará al resto de las otras comunidades, fijando la edad en los 18.

La edad de inicio en el consumo de sustancias tóxicas es uno de los predictores de riesgo para sufrir adicciones, por lo que debemos retrasar lo máximo posible el inicio del consumo de alcohol. De igual modo, el uso del alcohol facilitará la de otras sustancias tóxicas o, dicho de otro modo, es frecuente que quien consume otras sustancias lo haga tras haber ingerido alcohol.

 

Debemos facilitar información a jóvenes y adultos, además de procurar vías de gratificación social diferentes a las actuales entre nuestros jóvenes. “Quedar” para beber tiene que pasarse de moda.