Conflictos en la relación de pareja

Conflictos relación pareja

 Tanto tiempo trabajando en este tema y no sabría decir cuál es el punto exacto en el que una pareja sufre ese cambio en el que ya nada volverá a ser igual. En este artículo no quiero hacer una revisión sobre los múltiples estudios y teorías acerca de las relaciones de pareja. Prefiero hacer una profunda reflexión personal, aunque inevitablemente  influenciada por la experiencia de los años dedicados a escuchar los relatos de personas que consultan porque han sufrido o están sufriendo una crisis en su relación.

Parece que enamorarse nos hace percibir una garantía de que “todo irá bien”. Cualquier  dificultad parece salvable, incluso aquellas que son de difícil pronóstico, como una diferencia generacional muy grande o dos culturas radicalmente opuestas.

Al formarse la pareja crecen las ilusiones, expectativas y planes de futuro que nos motivan a hacer cosas que, tal vez, antes eran impensables. El desarrollo de la pareja como entidad va a hacer que, temporalmente, los dos individuos dejen de ser “yo” para ser “nosotros”.

Se produce una simbiosis en la que lo principal será procurar el bienestar del otro; agradando al ser querido se obtiene una gratificación similar a la de procurarse placer a uno mismo. Ver feliz a la otra persona influirá directa y positivamente en nuestro estado de ánimo, al  igual que verla sufrir nos generará inquietud y frustración. La familia y los amigos pasan a un segundo plano; se establece una relación circular en la que, dependiendo de cada pareja, habrá más o menos aperturas hacia el exterior.

Durante un tiempo, que podrá durar desde unos meses hasta varios años, la pareja irá conociéndose. El día a día traerá nuevas situaciones en las que se experimentarán pensamientos y emociones.  La evolución natural irá encaminada a la convivencia, donde surgirán muchas dificultades y también recompensas. Cada miembro de la pareja irá descubriendo los defectos del otro, hasta ahora prácticamente inexistentes (al menos ante los sentidos).

Es frecuente que ya en la fase de enamoramiento se perciban precozmente esos “defectos”. El sujeto que los percibe suele restarles importancia y, sobre todo, tenderá a pensar que él puede hacer cambiar al otro. Este es un error cognitivo que puede traer consecuencias muy negativas. No podemos cambiar al otro, solo podemos cambiarnos a nosotros mismos y, como resultado, influiremos también en la conducta de los demás. Pero si partimos de la premisas equivocadas “yo puedo cambiar al otro, él/ella cambiará por mí”, llegaremos a conclusiones equivocadas.

Sin embargo,  lo más frecuente es ir descubriendo durante los primeros años de convivencia esos defectos con los que no se contaba. “Él no era sí cuando lo conocí”, “Ella era mucho más cariñosa”. En una relación de larga duración tendemos a ir minimizando los refuerzos positivos, es decir, las cosas agradables que hacemos y decimos al otro. Y exageramos las percepciones negativas, que son las que solemos verbalizar. Frases categóricas como “Tú siempre…”, “Tú nunca…” auguran una discusión y una decepción. Esperar que el otro sea adivino y se anticipe a nuestros deseos y necesidades es también causa de malentendidos y frustraciones. 

La comunicación. Y la educación. En el momento que vivimos, a veces es difícil encontrar el tiempo y el espacio para comunicarnos. Miles de interferencias como el trabajo, el teléfono, los hijos si los hay, hacen abortar innumerables conversaciones.  A veces las interferencias están dentro de nosotros mismos: miedo a expresar lo que uno siente, posponer el abordaje de una cuestión posiblemente conflictiva, miedo a la reacción del otro, pensamientos  erróneos como “no merece la pena, no va a entender nada, es un egoísta”. Algunas parejas, en un momento dado, traspasan la barrera de la buena educación y entran en descalificaciones hacia su compañero. Es esta una situación de difícil retorno.

Las ilusiones pueden empezar a evaporarse. La motivación,  motor fundamental para conseguir metas y mantener el estado de ánimo, se ve minada en ocasiones  por la falta de interés del otro o por las continuas críticas. El estrés puntual o continuo que cada persona sufra en otros aspectos fuera de la pareja también influirá en la propia relación. El “nosotros” quiere ahora volver a ser “yo”, pero eso “yo” egoísta y exigente. “Ya era así cuando me conociste”, o “Me has decepcionado, nunca pensé que pudieras ser así”. “Tú eres quien me hace sentir mal”.

Un aspecto importante y causante también de alegrías y conflictos es el de la sexualidad. El ajuste sexual en la pareja suele ser muy bueno en los inicios de la relación y, con el tiempo, sufrirá cambios que, si no son aceptados por los dos miembros de la pareja, arrojarán mucho malestar y dolor.

La permisividad de cada uno de los componentes de la pareja, la tolerancia ante las situaciones difíciles, la capacidad de comprensión y  de perdón, las habilidades para resolver problemas y también la facilidad para pedir ayuda son factores que influirán en la resolución o no de las crisis de pareja.

Soledad Fenández Fernández

Psicóloga

20-12-2012