La Maternidad Hoy en Día

La Maternidad Hoy en Dia

Cuando fui madre por primera vez (de esto hace ya 12 años), me propuse ayudar a otras mujeres a realizar esa transición tan normal y tan rara a la vez para alguien de nuestra época . Pensé estudiar y escribir sobre el tema pero, como cualquier madre trabajadora, nunca encontré el momento.

Sí puede hacerlo en mi trabajo diario, en la consulta, con pacientes que estaban pensando en tener un hijo o incluso con mujeres que consultaban por otro motivo y referían tener ansiedad “desde que di a luz, nunca volví a ser la misma”.

Tener un hijo. Eso es lo que los humanos hemos hecho durante siglos sin cuestionarnos nada para perpetuar la especie. Nuestras bisabuelas, abuelas e incluso muchas madres de mi generación, no se cuestionaban los cambios que podían sobrevenir tras la llegada de un hijo. Tampoco se podía elegir si tenerlos o no. Simplemente sucedía y ya está. Después había que adaptarse para continuar con la vida. La prima, la vecina, la hermana, todas estaban en la misma situación: llegaban los hijos, los amamantaban, unas comentaban con otras sobre si “chupa bien”, “me dio mala noche”, “es muy glotón”, “tiene gases”… Ellas habían visto a sus madres, hermanas o amigas amamantar a sus hijos y lo vivían como algo natural.

¿Qué nos ha pasado?, ¿Por qué cuesta tanto trabajo a muchas mujeres adaptarse a esa situación que debería ser tan normal?

Entendí la facilidad con la que una mujer puede llegar a sentirse frustrada por no ser capaz de disfrutar de algo tan deseado. En el momento y  en el país en que vivimos, casi todas las mujeres pueden elegir ser madres o no. La falta de estabilidad laboral, el no encontrar la pareja adecuada, etc. ha hecho que la mujer retrase la fecha de su maternidad y que, en innumerables ocasiones tengan que someterse a molestos estudios de fertilidad y/o de técnicas de reproducción asistida. Este proceso, al que deben someterse los dos miembros de la pareja, suele llevar asociado un coste psicológico importante.

Casi todos los niños en nuestro país y en esta época, han sido niños buscados y deseados. ¿Por qué entonces la madre se puede sentir desbordada, agotada, débil, triste e incluso culpable?

Las causas pueden ser múltiples pero está claro que la falta de información sobre cómo se puede sentir una madre primeriza haría cambiar el pronóstico de muchas situaciones de sufrimiento.

Para empezar, las mujeres de nuestra generación no están habituadas a ver amamantar al niño, es algo que puede resultar al inicio tan extraño como podría resultarle a un hombre.  Nadie les ha contado que  puede ser poco gratificante e incluso estresante. Y también que luego la cuestión mejora.     

Cerca del 80% de las madres experimentan sentimientos de tristeza, melancolía y apatía durante los días posteriores al parto, que puede abarcar de 1 a 15 días.

La revolución hormonal, el no sentirte a gusto con el propio cuerpo, los problemas con la lactancia, el estrés provocado por el llanto del bebé y la falta de sueño son algunas de las dificultades por las que puede pasar cualquier mujer que acaba de dar a luz. Es el llamado “baby blues” (tristeza postparto).

Durante el embarazo, la cantidad de dos hormonas femeninas en el cuerpo de la mujer, el estrógeno y la progesterona, se incrementa considerablemente. En las primeras 24 horas después del alumbramiento, la cantidad de estas hormonas desciende rápidamente y sigue cayendo hasta llegar al nivel que tenían antes de que la mujer se embarazara. Este desequilibrio es uno de los responsables en la variación en el cambio del de  estado del ánimo.

La mujer necesita unas semanas para adaptarse de nuevo a sus niveles hormonales.

El hombre también puede estar sufriendo un fuerte estrés, ya que la llegada del niño lo cambia todo y “se deja de existir” un tiempo hasta que se consigue un equilibrio familiar. A veces no sabe cómo actuar. La pareja puede desestabilizarse en esta fase ya que hay falta de intimidad, cansancio excesivo, falta de organización… Es muy importante que el hombre primero sepa, para que luego pueda comprender y ayudar, lo que le puede estar pasando a su compañera.

Este  estado “baby blues” no se debe confundir con la depresión post-parto; ésta afecta a un 10% ó 15% de las madres y puede aparecer en un período que abarca desde los 15 días post-parto hasta el final del primer año. Diagnosticada y tratada, su duración oscila entre las 6 y 8 semanas, pero de no ser así la sintomatología puede agudizarse y prorrogar la enfermedad. 

El apoyo de la pareja, familiar y social va a ser fundamental para la recuperación de la madre. Saber qué le está pasando, que es “normal”, que casi todas las mujeres están estresadas y se siente raras al tener su primer hijo, que pueden y deben dejarse ayudar para descansar unas horas mientras otro se ocupa del bebé, preguntarle a una amiga, hermana, prima, si a ella le pasó algo parecido, pensar que todo va a mejorar en unas semanas y que “no soy una mala madre por sentirme así”, hará que muchas mujeres no caigan en una depresión postparto o, al menos, le evitarán mucho sufrimiento.

Soledad Fernández Fernández

Psicóloga.

19 de agosto de 2012